EL JARDÍN DE LOS CEREZOS
ACTO PRIMERO
Habitación llamada en tiempos "cuarto de
los niños". Una de sus puertas abre sobre la alcoba de Ania. El sol está
próximo a salir. Es ya mayo, En el jardín florecen los cerezos, pero hace frío.
Las ventanas se mantienen aún cerradas.
ESCENA
PRIMERA
Entran Duniascha y Lopajin, él con un
libro y ella con una vela en la mano.
-Lopajin: ¡Gracias a Dios que ha
llegado el tren! ¿Qué hora es?
-Duniascha: Van a dar las dos
(Apagando la vela). Ya hay claridad.
-Lopajin: ¿Cuánto retraso ha traído,
entonces?... Por lo menos dos horas. (Bostezando y estirándose). ¡También yo
soy bueno!... ¡Qué manera de hacer el tonto!... ¡Vengo aquí exprofeso para ir a
buscarlos a la estación, y me duermo! ¡Me duermo sentado!... ¡Qué fastidio!...
¡Si a ti, al menos, se te hubiera ocurrido despertarme!...
-Duniascha: ¡Creía que se había usted
marchado! (escuchando) Me parece que aquí vienen ya.
-Lopajin: (escuchando a su vez) No...
Habrá que sacar el equipaje y hacer otra porción de cosas... (Pausa) ¡Cinco
años ha pasado Liuba Andreevna en el extranjero!... Yo no sé cómo estará
ahora... ¡Es una persona muy buena!... De carácter fácil..., sencillo...
Recuerdo que una vez..., cuando era un chiquillo de unos quince años..., mi
difunto padre, que tenía entonces una tienda aquí, en la aldea, me pegó un
puñetazo en la cara y me empezó a sangrar la nariz... No sé por qué había ido
al patio..., y estaba algo bebido... Pues bien, Liuba Andreevna -lo recuerdo
como si fuera ayer-, todavía jovencita y muy delgadita..., me trajo aquí, al
lavabo..., en este mismo "cuarto de los niños"..."¡No llores,
"mujichok!" -me decía- ¡Pronto se te pasará! (Pausa) Mientras, yo
estoy aquí ahora de chaleco blanco y zapatos marrones… ¡Claro que "aunque
la mona se vista de seda"!... ¡Pero, eso sí..., soy rico! Tengo mucho
dinero..., aunque si se pone uno a pensarlo y a cavilarlo..., la verdad es que
no soy más que un "mujik". (Hojeando el libro) ¡Este libro, por
ejemplo!..., ¡Me puse a leerlo y no entendí una palabra! ¡Me quedé dormido
leyéndolo! (Pausa).
-Duniascha: Los perros han estado
despiertos toda la noche. Sienten la venida de los amos. -Lopajin: ¡Qué te pasa
Duniascha?... ¡Por qué estás tan...?
-Duniascha: ¡Me tiemblan las manos!
¡Me voy a desmayar!
-Lopajin: ¡Pues no eres poco
delicada!... Te vistes, además, como una señorita..., ¡y llevas un peinado!...
¡Eso no puede ser!... ¡Uno tiene que tener presente lo que uno es!... (Entra
Epijodov con un ramo de flores. Viste americana y calza unas relucientes botas
que le rechinan fuertemente cuando anda. Al entrar se le cae al suelo el ramo).
-Epijodov: (Recogiéndolo) Lo envía el
jardinero. Dice que es para colocarlo en el comedor. (Lo entrega a Duniascha)
-Lopajin: ¡Tráeme un poco de
"kvas"! [Bebida típica rusa sin alcohol]
-Duniascha: Lo que usted mande (sale).
-Epijodov: ¡A estas horas estamos ya a
tres grados bajo cero y tenemos los cerezos en flor! ¡No me es posible aprobar
este clima nuestro… (Suspira) ¡Sí..., Ermolai Alekseevich Lopajin!...
¡Permítame que le diga, además..., que anteayer me compré estas botas que, me
atrevo a asegurarle, rechinan de un modo insoportable!... ¡No sé con qué
engrasarlas!
-Lopajin: ¡Déjame!... Me estás
aburriendo.
-Epijodov: ¡No hay día que no me
ocurra una desgracia!... ¡He llegado a no lamentarme de ello siquiera!...
¡Estoy acostumbrado, y hasta me sonrío! (Entra Duniascha, que sirve
"kvas" a Lopajin). Me marcho. (Tropieza con una silla y la hace caer
al suelo) ¡Ya!... (Con aire triunfante) ¿Lo ve usted?... Perdón por el
incidente..., (Sale).
-Duniascha: ¿Sabe, Ermolai
Alekseevich?... Tengo que confesarle que Epijodov me ha pedido en matrimonio...
-Lopajin: ¡Ahá!...
-Duniascha: Yo no sé qué hacer... Es
un hombre tranquilo; pero, a veces, se pone a hablar y no hay quien le
entienda... Muy bien, eso sí, con mucho sentimiento..., pero de un modo
incomprensible... ¡A mí también parece que me gusta!... ¡Me quiere con
locura!... ¡Es un hombre muy desgraciado! ¡No hay día que no le ocurra alguna
mala suerte!... Por eso -para mofarse de él- aquí le llaman "las veintidós
desdichas".
-Lopajin: (Escuchando) Parece que ya
llegan.
-Duniascha: Llegan, sí... ¡Vaya! ¡No
sé lo que me pasa!... ¡Me he quedado toda fría!
-Lopajin: En efecto, llegan. Salgamos
a recibirles. ¿Me reconocerá ella? ¡Son cinco los años que hace que no nos
vemos!
-Duniascha: (Nerviosa) ¡Me voy a caer!
(Se oye a dos coches detenerse ante la casa. Lopajin y Duniascha salen precipitadamente. El escenario
queda vacío. De los aposentos inmediatos comienza a llegar ruido. Firs, de
vuelta de la estación, adonde ha ido a esperar a Liuba Andreevna, atraviesa la
escena de prisa, apoyándose en un bastón. Va cubierto de una vieja librea y
tocado con un sombrero de copa. Habla para sus adentros y es imposible
distinguir una sola de sus palabras. El ruido, al otro lado del escenario,
aumenta por momentos. Una voz dice: "¡Por aquí!... ¡Venga por aquí!")
Fragmento de CHEJOV, Anton.
El jardín de los cerezos. Madrid: Alfil,1961.
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